Filipinas fue durante mucho tiempo mi refugio de invierno: el visado era fácil, casi todo el mundo habla inglés y la gente es muy, muy amable. Viajar por Filipinas es como enamorarse de una amiga preciosa y caótica.
Con mi Yamaha SZ 150 recorrí durante 18 meses Panay, Mindoro y los alrededores de Manila, y nunca se quedó tirada. Para el gran viaje de octubre de 2019 compré, con prisas, una Rusi de segunda mano de 200 cm³. El carburador equivocado nos acompañó mil kilómetros, hasta que un taller de Siquijor lo cambió por uno adecuado.
La ruta: de Iloilo a Dumangas, en ferri a Bacolod, después a Sipalay con Sugar Beach y la cascada de HuyopHuyop, luego Dumaguete, Siquijor y Bohol con las Chocolate Hills. Sipalay es de verdad una joya escondida en el otro extremo del mundo.
En el camino nos quedamos sin gasolina y un desconocido me llevó a la gasolinera. Limpié bujías al borde de la carretera, un campesino de un pueblo remoto me ayudó, y en las Chocolate Hills se rompió el cable del acelerador. Lo arreglaron en un taller donde había un mono de verdad.